
Había una vez un ladrón de croquetas. Todos los días muy temprano llegaba a la barda de la casa marcada con el número 102 a esperar a que Mely, la dueña de esos 3 golden retriever saliera rumbo al trabajo, pero primero, les sirviera las deliciosas croquetas a Whiskey RaVe, Tequila y María. Después de eso, recibía una dosis de ladridos espeluznantes de parte del macho, Whiskey. Alguna vez intentó negociar: "Pero yo nada más me voy a llevar dos, de hecho no me caben más en el pico, lo juro!"
Tequila, la mamá, sabia por ser la más vieja, habló a los otros: "Puede que tenga razón, y además debe tener hambre, y sed, dejemos que coma..."
Whiskey, el papá refutó: "No! Si dejamos que venga, vendrán más y más y más y jamás nos dejarán nada! Melissa regresa muy tarde y tendremos hambre"
María, la hija de ambos escuchaba con atención a sus papás.
"Entonces no debemos dejarlo comer?"
Whiskey dijo: No, y punto!
Tequila le decía a María que cuando su papi no se diera cuenta, debería dejar que el pobre amigo tomara agua y comiera un poco, María escuchaba...
Pero Whiskey en sus conversaciones con su hija, le explicaba lo que debía hacerse con el enemigo...
Y hoy, sucedió... el desenlace fue fatal!
El Ladrón de las Croquetas llegó y María sin escuchar a su mamá, y haciendo caso siempre de lo que decía su papá, puso fin al estresante cuadro mañanero.
Difícil resulto, para una servidora, hacerme cargo del funeral, Tequila y yo nos sentimos consternadas, Whiskey orgulloso, María confundida...
Olvidé que al entrar a la casa había 3 criaturas más, lamiéndose los bigotes...